Hoy es | {{weather.temp_c}}° La Paz, México

{{pub['hom01-1300x120'].empresa}}

Sección: Opiniones

{{pub['1260x120'].empresa}}

A Tiro de Piedra

Por: Gabriel Camacho Garrido, {{ dateString(fecha_noticia) }}

{{setCategory(seccion)}}

Gabriel Camacho Garrido

Gabriel Camacho Garrido

Conduce el noticiero Formula Noticias La Paz, de la primera cadena del grupo Radiofórmula y es titular en el... Leer más

La conspiración de la tormenta

Cuando alguien sugirió que las redes sociales se parecen a un gran megáfono, creo que le dio al clavo con su descripción: una gran bocina, que magnífica nuestros pensamientos potenciados por nuestros miedos, alegrías e inseguridades y por todo aquello que sacude nuestras emociones.

En otras entradas de #ATirodePiedra me he dedicado a analizar a las redes sociales, y esta vez, no dejaré de hacerlo.

El paso de la Tormenta Tropical #Lidia fue un desastre sí, pero con una cobertura rara vez lograda en redes sociales, en plena contingencia climática, se pudo registrar desde casi cualquier teléfonos los momentos del mal tiempo; durante la noche del jueves 31, la madrugada del viernes 1ero, las redes se llenaron de comentarios, fotos y videos reportando desde su desastre personal.

Sin embargo, hubo ingredientes cómo el periodismo de primeros auxilios, la demanda social por información, la falta de credibilidad de algunas instituciones, y la propia magnitud del desastre, que magnificaron puntos negativos en la comunicación.

 

Red de acero

Al contrario de otras ocasiones, durante la contingencia climatológica  sorpresivamente la cobertura de telefonía celular y de internet, no falló ó mas bien medio falló, esto llevó a que una gran mayoría de usuarios pudieran transmitir en vivo ó casi en vivo lo que estaban viviendo; si no lo pudieron hacer on live, fue grabado y momentos después colgado en línea.

Por ello, desde muy entrada la noche de viernes y madrugada del sábado, pude ver videos impresionantes de cómo la corriente arrastraba decenas de vehículos, pude ver cómo el agua había crecido en las afluentes de los arroyos tradicionales, cómo  decenas de vehículos terminaron encimados unos con otros, tal y como si fueran de juguete, y cómo los puentes carreteros de miles de pesos fueron destruidos.

Casi al momento, salvo unos segundos de diferencia, desde el viernes muy temprano muchos ya lo sabíamos desde nuestros teléfonos, y desde nuestras cuentas de redes sociales, #Lidia había provocado tras su paso muerte y destrucción.

Mucha de la información se compartió vía whatsapp; pero fue tal la cantidad de información, que esta empezó a volverse imprecisa, y la percepción de que todo estaba controlado, se terminó por desbordar.

 

La presa y los muertos

El caudal de información saturó a las autoridades, desbordó la percepción del estado de derecho, y por un momento, muchos pensaron que se vendrían días de anarquía social similar a la que se vivió días después del paso del huracán “Odile” en septiembre de 2014.

La tarde del viernes 1ero, muchos como yo recibimos vía whatsapp un mensaje que alertaba sobre una evacuación masiva de ciudadanos que residían en una supuesta ruta crítica de un posible desfogue de emergencia de la presa de La Buena Mujer, ubicada en la carretera a Los Planes en La Paz.

Como en otras ocasiones descarté el mensaje, y seguí con la jornada, pero de pronto recibí varias llamadas de amigos cercanos y familiares que alarmados por la terrible decisión gubernamental, preguntaban si era cierto, otros menos incrédulos no llamaron y creyeron que la tragedia del ciclón “Liza” en el 76, se repetiría y era inevitable.

En cuestión de minutos, después de recibir el mensaje, el pánico se viralizó, la idea de que el gobierno había decidido desfogar la presa era real, muchos lo creyeron, muchos se alarmaron, muchos sintieron miedo y zozobra, se les erizó la piel esperando la tragedia, muchos no se despegaron de las redes sociales, esperando ver la imagen del desastre, pero no, nunca llegó ¿qué pasó?

La tarde de ese viernes, mi compañero reportero de Meganoticias, Antonio Cervantes decidió acudir a la presa, al llegar comprobó que era cierto el desfogue, eran miles de litros de agua que se estaban desparramando, pero lo que nadie había dicho era que su desfogue era normal y controlado.

La transmisión de Toño través de Facebook, a la par del reporte especial que hicimos en Meganoticias llevó certeza y despejó dudas a más de 73 mil personas que lo vieron via FacebookLive, el miedo que pudo desbordarse y derivar en caos simplemente se esfumó.

La indignación también se desbordó durante el paso de la tormenta.

Desde muy temprano el viernes, se reportaban personas fallecidas, inclusive, con una  rapidez de río salvaje, ya circulaban fotos de supuestas personas que habían sido encontradas muertas luego de ser arrastradas por El Arroyo.

Este desvío de la percepción no fue una reacción aislada, fue una consecuencia de las miles de imágenes y videos que se compartieron entre jueves y viernes, material multimedia que retrataba un desastre de magnitud trágica, es decir, la tragedia debía cobrar vidas, si no, no es tragedia.

Pero la indignación se posicionó entre los usuarios de redes, cuando entre las reuniones del Consejo Estatal de Protección Civil, autoridades reconocieron que solo había 6 personas que perdieron la vida ¿por qué? ¿por qué indignó que solo 6 y no más? ¿teníamos sed de más muertos?

Lo cierto es que durante las contingencias los usuarios se convierten en verdaderos expertos y peritos, y a muchos no cuadraban las miles de imágenes de puentes colapsados, edificios derribados, corrida de arroyos, vehículos enterrados, casas destruidas, llanto, evacuación y desesperación, con el hecho de que hubiera solo 6 personas fallecidas; es decir, el nivel de devastación exigía más muertos.

La realidad no conciliaba con las imágenes.

El discurso fácil de la indignación es culpar al gobierno de nuestros males, por ello, la irritación caló en aquellos usuarios que ven en el gobierno como él culpable de nuestra situación.

Lo que detonó la indignación fue aquel discurso de que “el Gobierno oculta a los cientos quizá miles de muertos que arrastró El Arroyo”,  aderezado con esos recursos lingüísticos para añadir veracidad: él “yo vi a una familia arrastrada” “en este momento están sacando cuerpos”; él “yo vi”, y él “allí están” fue un recurso de espacio tiempo que añade credibilidad ciudadana al denunciante.

La irritación estaba tan expuesta, que aquellos medios y comunicadores que no nos prestamos a esos discursos fáciles fuimos calificados de “ingenuos” ó “vendidos”, inclusive hubo alguien que me llamó “pendejo”, lo que debo informar es que hay protocolos, y en los medios en los que laboro  hay Códigos de Ética para el manejo de esta información, no espero que nadie lo entienda, pero así es la vida de un reportero.

En medio de la especulación en redes, muchos usuarios ven muertos en donde no los hay, ó si los hay habrá que espera a que los encuentren, porque en esta época de transmisiones en vivo, de celulares en mano, no he visto una sola imagen de ellos, ni enterrados ni desenterrados.

En tiempos de conspiraciones, la falta de confianza genera la percepción de que en todo momento podemos ser víctimas del Gobierno, pero creo hemos avanzado,  la exigencia ciudadana ha llevado a las autoridades a transparentar sus decisiones, sus errores, sus aciertos y sus corrupciones.

Lo que más temo es que los tiempos de conspiración se mezclarán con los tiempos de campañas políticas que se vienen, lo malo es que las redes sociales, no distinguen de conspiraciones hasta que son tendencia.

 

 

 


Otros temas de Opinión

Otras Noticias

{{ setCategory(n.categoria.title) }}

{{n.slugurl}}

{{ n.titulo }}

{{ textTruncate(n.descripcion, 148, '...') }}

{{n.fecha}}

Comentarios

Más sobre el Autor

{{n.titulo}}

{{ textTruncate(n.descripcion, 148, '...') }}

Por {{n.autor.nombre}} | {{n.fecha}}

{{pub['hom11-1300x120'].empresa}}