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Aldea Global

Por: Gerardo Zúñiga Pacheco, {{ dateString(fecha_noticia) }}

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Gerardo Zúñiga Pacheco

Gerardo Zúñiga Pacheco

Experimentado reportero de radio y televisión, con 23 años de carrera periodística, trabajo en Grupo... Leer más

Invasores, bajo el cobijo de Los Agúndez

El jueves 28 de abril de 2016, las principales calles de la colonia Real Unidad, un segmento de 17 predios de la invasión de “Caribe Bajo”, en el municipio de Los Cabos fue escenario de una gresca entre invasores y agentes del grupo antimotines de la Policía Estatal Preventiva de Baja California Sur, y los cuales pretendían desalojarlos para poder cumplir una orden judicial del Tribunal Agrario.

Apenas arribaron a la colonia, y según videos que circularon ese mismo día en la mayoría de los medios de comunciación, los policías fueron rodeados y agredidos. Al mando de los invasores apareció José Catarino Flores Castro, y quien con machete en mano amenazaba y gritaba que iba a “quemar vivos” a todos los policías.

El susodicho líder de colonos, conocido en el bajo mundo como “El Chaparro”, fue el  responsable de las invasiones en predios como Caribe Bajo, Real Unidad y Tierra y Libertad, asentamientos en zona de “Alto Riesgo” que fueron prácticamente devastados por el escurrimiento del cause del arroyo Salto Seco producido el 31 de agosto pasado por la tormenta tropical “Lidia”.

“El Chaparro”, junto con otros líderes, operaron  al amparo del poder de los hermanos Narciso y José Antonio Agúndez Montaño, la mayoría de las invasiones de terrenos pertenecientes al Ejido Cabo San Lucas, desde que el primero fue alcalde y después gobernador y el segundo presidente municipal de Los Cabos.

De eso el departamento de Investigaciones Especiales de Metrópoli, practicamente terminó de documentar el modús operandi y recabo pruebas documentales de la forma en que “El Chaparro” operó desde entonces política y electoramente a favor de Los Agúndez, a cambio del cobijo y de la total impunidad.

Desde que los hermanos Narciso y José Antonio Agúndez Montaño ascendieron al poder, en cada proceso electoral, “El Chaparro”, fungía como una de las principales cabezas del grupo de choque, y operador netamente electoral, garantizando los votos de los invasores a favor de los candidatos postulados por el llamado Grupo Los Cabos.

Si alguien es responsable de todo lo que paso la noche del 31 de agosto pasado en Cabo San Lucas, no debemos perder de vista que fue precisamente bajo las administraciones que encabezaron los hermanos Narciso y José Antonio Agúndez Montaño, cuando se dio el mayor número de invasiones en terrenos pertenecientes a ejidatarios, incluida la del caso de La Ballena, en San José Viejo, y considerada la más grande en la historia de todo México, la cual terminó con la detención y encarcelamiento del compadre de Narciso, Cesar Uzcanga Amador “El Carnal”.

“Hay invasiones que tienen entre 5 y 10 años. Fueron metidos en zonas de riesgo  o de escurrimiento por fines políticos”, reconoció el delegado municipal en Cabo San Lucas, Francisco García Valdes.

En el proceso electoral de 2015, José Catarino Flores Castro, fue postulado como candidato a diputado local por el distrito VIII por el Partido Humanista.  Tardó más en iniciar la campaña que “El Chaparro” en adherirse públicamente a su jefe y patrón entonces candidato a la Presidencia Municipal de Los Cabos por el  PRD, PT, y Movimiento Ciudadano, Narciso Agúndez Montaño.

De hecho, en notas periodísticas y fotografías de 2015, quedó flagrantemente documentado cómo y de qué manera las instalaciones de la llamada asociación  civil  “Lucha Social Democrática”, creada por el propio Catarino Flores, sirvieron como centro de operaciones y refugio a los “vándalos” que  el Grupo Los Cabos, confiado de ganar la elección, había reclutado para violentar la elección de ese año.

Desde el 11 de abril de 2017, Catarino Flores, se encuentra en prisión bajo proceso penal, acusado de despojo, y otros delitos que fue acumulando a lo largo de su carrera delictiva como invasor, tal y como sucedió en el caso del compadre y lugarteniente de Los Agúndez, César Uzcanga Amador “El Carnal”. Mientras, los hermanos Narciso y José Antonio, como jefes del grupo criminal, buscan a toda costa conservar su impunidad, recuperando el cacicazgo de Los Cabos, a través del diputado federal, Víctor Ernesto Ibarra Montoya, y quien dicho sea de paso, hasta contrato un abogado para que los invasores pudieran ampararse, bajo el argumento de tener la posesión de las tierras.

Mientras tanto, hoy, y tras el paso devaastador de “Lidia”, miles de familias se encuentran desamparadas y a merced de los fenómenos naturales que cada año  azotan Los Cabos.

El caso más grave son los asentamientos irregulares que se nacieron en los márgenes o en los cauces de arroyos, como Lagunitas I, Lagunitas II, Lagunitas Premier, La Esperanza, parte sur de Los Cangrejos, Caribe Bajo, Real Unidad, Ampliación Progreso y Tierra y Libertad en Cabo San Lucas, y El Zacatal y Vado de Santa Rosa en San José del Cabo.

En esos lugares, y según el Atlas de Riesgos Naturales del Municipio de Los Cabos, son más de 11 mil familias que se encuentran en esta grave situación, gracias a los voraces líderes de invasiones, pero mucho más a Los Agúndez, y quienes incubaron, vieron crecer y explotaron económicamente ese jugoso negocio en los 16 años que ostentaron el poder político en Los Cabos.

De los permisos de uso de suelo y construcción en zonas de riesgo y alto riesgo, hablaremos en otro espacio.

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gerardolapaz@hotmail.com


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