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Sección: Opiniones

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Aldo Fulcanelli

Aldo Fulcanelli

Escritor, comunicador y promotor de la cultura. Nacido en Guadalajara, Jalisco, fue jefe del Departamento de... Leer más

Mecánica Nacional

No hace mucho, los medios de comunicación dieron a conocer la historia de la joven llamada “Rubí”, quien al compartir en las redes sociales la noticia de su celebración de XV años, provocó involuntariamente un fenómeno mediático hasta ese momento, de magnitudes insospechadas.

Los usuarios de las propias redes, habrían viralizado la noticia, al punto de que personas de muchas latitudes confirmaron la asistencia a la celebración, sin siquiera conocer a la quinceañera ni a su familia. Siguiendo el juego mediático, los padres de la muchacha acordaron continuar con el plan, agregando que recibirían a quien quisiera apuntarse a la comilona, convirtiéndose los “XV años de Rubí”, en el encabezado favorito de las revistas de chismes de corte amarillista, e incluso, ameritando la cobertura de medios televisivos de mayor peso, que decidieron anexarse a la nota.

El suceso contagió a la opinión publica de un ambiente a todas luces surrealista, haciendo lucir de pronto a las noticias cotidianas por la rampante corrupción de la clase política o la crisis económica, como peccata minuta ante la historia digna de “reality show” de una jovencita provinciana; cumpliendo su máximo sueño de adolescente. Pero ver el suceso solo con ojos amables, no ayudará a contemplar el contexto, o más bien dicho la descontextualización de un hecho que se antojaría habitual como una simple celebración familiar que ante la sobreexposición mediática rebaso los límites, para insertarse justo al centro de la histeria colectiva, y esta aseveración no es exagerada.

Lo acontecido con el tema de “Rubí”, recuerda por mucho a “Mecánica Nacional” (1971), cinta del director español Luis Alcoriza, que detalla con truculencia la manera en como una familia acude a una carrera de autos y durante el viaje, el frenesí se apodera de ellos haciendo que todo se salga de control, mientras la muerte de una anciana, la infidelidad de una esposa y las dosis desorbitantes de alcohol, convierten a la trama en un grotesco viaje a las entrañas de la idiosincrasia mexicana.

Como era de esperarse, la cinta en su tiempo provocó la ira de los sectores más conservadores de la sociedad mexicana, quienes acusaron al director de exhibir las miserias de la clase baja en la gran pantalla, ofreciendo una imagen “adversa” del país. Otros tantos nacionalistas abnegados, acusarían al director Alcoriza de ser un “gachupin despiadado que como muchos otros (según ellos),  arribó al país para hacer fama y fortuna, pagando la hospitalidad de los mexicanos con burlas a nuestras costumbres”. Años antes un sector igualmente conservador,  criticó sin cortapisas al director Luis Buñuel por la filmación de la cinta; “Los Olvidados” (1950), donde el cineasta se atrevió a mostrar una trama surgida justo en las entrañas de los cinturones de miseria de la gran ciudad, en los años de la pujante industrialización alemanista en México, cuando otros directores mexicanos, seguían ofreciendo ante el cine una visión autocomplaciente de la pobreza. Valiente hasta el final, Buñuel llevó a las últimas consecuencias su ejercicio fílmico, convirtiendo a “Los Olvidados”, no solo en una joya cinematográfica de artesanal manufactura, sino además en un símbolo permanente de la denuncia por la marginación de los sectores a donde nadie quería mirar. Como su nombre lo dice: “Los Olvidados” le dio rostro y cuerpo a los pobres ante el celuloide, pero las manos famélicas de los niños protagonistas, apuntarían en realidad a la burguesía ciega y sorda, aquella que acude a los barrios bajos a la búsqueda de sustancias psicotrópicas, o para prostituir a los menores por ejemplo; como la propia cinta consigna.

En ambos casos, tanto “Los Olvidados”, como “Mecánica Nacional”, una de corte casi documental, y otra tragicómica, exhiben las hirsutas vísceras del comportamiento humano, en una región del mundo que se ha acostumbrado a festejar lo macabro al igual que lo redundante; con singular alegría.

En todo caso, no es culpa de ambos directores el haber sido extranjeros, y ver con mirada profunda las problemáticas que algunos nacionales se negaron a contemplar, prefiriendo a “Pepe El Toro” y su insoportable melcocha aderezada de machismo, en lugar del “Jaibo”, el villano de la cinta de Buñuel, victima en realidad de la violencia que la desigualdad hereda, llegando incluso la opinión pública a consentir la proscripción de la pobreza, en un comportamiento inaceptable,  propio de la doble moral burguesa. Curiosamente, Buñuel y Alcoriza colaboraron en varias ocasiones y en la cinta: “Los Olvidados”, Luis Alcoriza aparece también como co-guionista, siendo esta una casualidad menos, en la trayectoria fílmica de ambos realizadores.

“Mecánica Nacional”, exhibe el temperamento exótico del mexicano de clase obrera. No sin cierta dosis de crueldad, la trama se interna en las regiones del lenguaje coloquial, y la divinización de la muerte, hasta alcanzar la estrambótica elevación de la tragedia como algo sagrado, mientras lo grotesco adquiere matices barrocos.

Por otro lado, no está de más decir que si “Mecánica Nacional” se hubiese filmado en nuestros días, muy probablemente habría pasado desapercibida, pues el absurdo está ya tan presente en nuestra realidad cotidiana, que incluso cualquier broma referencial al “Día de los Inocentes”, se queda ya corta.

Por eso el episodio de los “XV años de Rubí”, bien pudo haber brotado de la imaginación de Luis Alcoriza, que por otro lado, no hizo más que aderezar de rostros macerados y carcajadas estentóreas ante el celuloide, la cruel realidad que delata nuestra idiosincrasia: un sabor a francachela eterna y un valemadrismo que arrebata el aliento, mientras la realidad estalla frente a nosotros como si se tratara de  bomba molotov, en un Armagedón de calaveritas de azúcar, narcocorridos, memes y noticias virales cuyo hilo conductor es una abierta invitación a la degradación intelectual. Tanto “Mecánica Nacional”, en una ficción antes imaginable, pero hoy posible con los “XV años de Rubí”, muestran la estrechez de miras de un amplio sector, exhibiendo la oprobiosa necesidad de ese mismo extracto del tejido social, por mantenerse de espaldas a la realidad que lastima al país.

El fenómeno “Rubí”, fue por otro lado el agridulce preámbulo al gasolinazo, los saqueos y el secuestro de las gasolineras que sacuden a México, es el síntoma de la exaltación del ocio o el olvido histórico, en escatológica mezcla con un déficit de atención que se antoja ancestral. Ante las continuas mezclas del absurdo cantado, aporreado y enaltecido a gritos en una bacanal de lentejuelas acompasado por desatinos “senza fine”, cualquier mito o leyenda previa se antoja realmente mediocre, es algo que probablemente habría sorprendido al cineasta Sidney Lumet, quien en sus brillantes elucubraciones imagino un asalto bancario televisado, y dos fracasados hampones saltando a la fama como antihéroes. Seguro el visionario director, se habría ido de bruces por el fenómeno “Rubí”, la tragicomedia que tiene de todo, muerte, fama, y un éxito pasajero que se transforma en desarraigo, algo que ni el brillante cineasta estadounidense que advirtió de los peligros del rating televisivo siempre voraz, pudo llegar a imaginar.

Contra cualquier pronóstico, la “Mecánica nacional” está más viva que nunca. Son los engranes aceitados con violencia y avasallamiento que le dan cuerda a un tejido social que no acaba de degradarse. La masificación del sometimiento vestido de chaquiras y los flashazos de las selfies. La sociedad de la brutalidad permisiva, que solo mira hacia el horizonte de los memes y la nueva industria de lo viral; si una noticia no tiene millones de visitas, entonces, no vale la pena para ellos, no forma parte de su realidad virtual.


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