Abracadabra: Suspirantes

La agenda de principios enaltecidos por la 4T, ha dado a luz a un ánimo presidencial, capaz de incidir, desde su arrastre popular.

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El intelectual mexicano Daniel Cosío Villegas (1898-1976), sarcásticamente, llamó “suspirantes” a quienes aspiraban a ser candidatos. Lo hizo en pleno siglo XX, cuando en libros como La sucesión presidencial, el sistema político mexicano, y el estilo personal de gobernar, criticó sin cortapisas los rituales diseñados por los presidentes en turno; para designar al sucesor.

Provocó la ira de los jerarcas del PRI, cuando comparó a la democracia mexicana con un parque de diversiones, donde la manipulación y el autoritarismo alcanzaron su máximo. Llamó al sistema político de México; «una monarquía absoluta, sexenal y hereditaria por línea transversal«.

No se equivocó, como buen historiador y analista de la realidad, rememoró las rebatingas históricas ocasionadas por la aspiración al poder presidencial. Por ejemplo, la crisis derivada del mayor fraude de la historia política de México en aquel tiempo; mismo que llevó a Pascual Ortiz Rubio a la presidencia; el 17 de noviembre de 1929.

Previo a dicho acontecimiento, el sorpresivo asesinato de Álvaro Obregón, ocurrido el 17 de julio de 1928, parecía despedir el rancio olor a putrefacto tan propio del Maximato. Aunque se descubrieron motivos “religiosos” tras el crimen, la sombra de una conjura nunca desapareció del imaginario colectivo.

Ciertamente, conforme a lo analizado por Cosío Villegas, la llamada sucesión presidencial, era en realidad un espectáculo de tintes shakespearianos no exento de simbolismos; muerte, ambición y codicia.

El tiempo, no le permitió a Cosío Villegas apreciar el macabro desenlace. Vendría después el fraude de 1988, que marcó el arranque formal del neoliberalismo. El último episodio trágico de la lucha por el máximo poder, alcanzó a Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994; uno de los favoritos de la corte, se había convertido en la víctima mortal de un sexenio cruento. La muerte de Colosio, su sangre, sirvió para alargar la vida del régimen conocido como la dictadura perfecta; la llamada sucesión presidencial, agonizaba.

Aunque el presidencialismo como tal, con todo y sus vericuetos no existe más en el siglo XXI, las fascinación transexenal de los mexicanos por los héroes, persiste; el culto al poder prevalece.

El dedazo no sobrevivió, pero la urgencia por salvaguardar la agenda de principios enaltecidos por la 4T, ha dado a luz a un ánimo presidencial, capaz de incidir, desde su arrastre popular; en el futuro político del país. Una nueva clase de sucesión presidencial, ya sin el ánimo de violencia característico del caudillismo posrevolucionario, una sucesión presidencial digamos híbrida, ultraligera, acorde a los tiempos que se viven.

 

Claudia Sheinbaum Pardo.

Es sin duda la que más próxima al presidente López Obrador. Hábilmente, la doctora en ingeniería ambiental, se ha encargado de retomar cada una de las opiniones del presidente; con el fin de trasladarlas al entorno político y mediático de la Ciudad de México.

Experta en el arte de contar hasta tres, Sheinbaum, en realidad es distinta al primer mandatario. Con puño de hierro, no ha escatimado en promover ordenes de aprehensión y fichas rojas contra diferentes personas de interés. Es evidente que, con Claudia Sheinbaum, como presidenta, la doctrina del punto final o “borrón y cuenta nueva” expresada por el presidente, no tendrá seguimiento, motivo por el cual los opositores, especialmente aquellos que han cometido delitos; deberían con razón temblar.

Tampoco es emocional, ni se inclina por el histrionismo. Mantiene una imagen sobria y una estrategia basada en la economía verbal, y el largo alcance fáctico. No es afecta a los besamanos ni las etiquetas, su pragmatismo avanza a la velocidad de un misil hipersónico.

El presidente ve en Claudia Sheinbaum a la depositaria de toda su confianza, la persona que claramente podría dar seguimiento a sus políticas públicas; e ideario político. Ante la anterior reflexión, cabría preguntarse si Sheinbaum no únicamente sería la próxima presidente de México, sino además, la cabeza del movimiento de la 4T ante la eventual muerte de su fundador; Andrés Manuel López Obrador.

Esto último la convertiría en la mexicana mas poderosa del siglo XXI, depositaria de un poder si no por heredad, si por continuidad. Si todo marcha como hasta ahora, Claudia Sheinbaum Pardo, se convertiría en la primera mujer en ascender a la primera magistratura del país. Lo haría en un entorno donde es necesario el diálogo frente a una realidad polarizante; y el futuro de la humanidad amenazado por el cambio climático.

 

Marcelo Ebrard Casaubón.

Es un hombre de finas maneras y amplia cultura. Ha demostrado la eficacia de aquella máxima que dice: “lo importante no es llegar, sino permanecer”. Esta capacidad para sobrevivir en tiempos de dificultad, la habría heredado de su mentor político Manuel Camacho Solís, quien creció amamantado por el viejo régimen, y tuvo la gracia de verlo fenecer ante sus ojos.

A la postre, Camacho se inclinó por una izquierda pensante e intelectual, con pasión por el acuerdo, el tiempo le daría la razón.

Pero Ebrard sabe que no está en el ánimo presidencial, es un eficaz canciller, probablemente no será el próximo candidato a la presidencia. Es impulsado por el llamado Movimiento Progresista, una agrupación política que trabaja por la candidatura de Marcelo a nivel nacional; aunque parece más bien una estrategia de supervivencia, que una verdadera ruta de acceso al poder.

Inteligente como es, de no ser favorecido, seguro sumaría sus huestes a la causa de Claudia Sheinbaum; más temprano que tarde. Sus innegables relaciones con personajes del ámbito empresarial, le serán de gran utilidad.

 

Ricardo Monreal Ávila.

El senador está acorralado en su laberinto. Sabe que no está en el ánimo presidencial, y que sus devaneos lo han aproximado a lo más granado de la fauna opositora nacional; de ahí sus fotos con Silvano Aureoles, o el espaldarazo de Sandra Cuevas en la Ciudad de México.

Lamentablemente, nada de esto será suficiente. El estilo melodramático tan acorde con Ricardo Monreal, no es parte ya de la usanza política del siglo XXI. Aunque ha demostrado ser un hábil negociador, lo cual quedó demostrado con la aprobación de una parte de la agenda legislativa de la 4T, su esfera de influencia ha sido absorbida por la presencia de Adán Augusto López, el secretario de gobernación, lo anterior en una hábil maniobra orquestada desde Palacio Nacional; para restarle fuerza al zacatecano.

La muerte política de Monreal, deriva de su relación de amor-odio con la oposición, así como sus vínculos en la Ciudad de México con los enemigos de Claudia Sheinbaum.

A Monreal le queda poco tiempo para negociar con la todavía jefa de gobierno; pero no todo está perdido. Si el senador decide recapitular, podría obtener una salida acorde con su investidura, y no por la puerta trasera; como los evasores.

Su apoyo a la causa de Sheinbaum, le otorgaría un margen amplio de supervivencia política de cara al próximo sexenio. Si Monreal cometiera el error de pasarse a la oposición, solo por la terquedad de ser candidato; estaría terminando de cavar su tumba.

El país lo recordaría como el político que luchó por la construcción de un movimiento, pero al final, por sus devaneos, se convirtió en aquello que despreciaba.

 

Adán Augusto López Hernández.

Llegó para salvar la causa morenista casi en el último momento. Su habilidad negociadora es su mejor arma, sabe tejer y trabajar con gran denuedo, aunque ello implique desde luego; sentarse con los antagonistas.

Aunque goza de inusitada popularidad, sabe que no le alcanza para ser candidato presidencial. Con todo y esto, es un aliado leal y potente, conocedor de los claroscuros de la política palaciega.

Su precandidatura a la presidencia, es impulsada por un grupo de fervientes morenistas. Uno de sus principales estrategas es Ricardo Peralta, quien fuera subsecretario de gobernación, y que tripula la llamada Alianza patriótica por la 4T.

Esta alianza política al final del día, se sumará por Claudia Sheinbaum, pues la instrucción desde Palacio Nacional es jugar a las canicas, juntar las suficientes para fortalecer a la Jefa de Gobierno. Más temprano que tarde, Adán Augusto dará un paso al frente por la favorita del presidente.

Mientras tanto, avanza en la intención de sumar activos al movimiento, y terminar por desarticular a la oposición.

 

Gerardo Fernández Noroña.

Sin duda se trata de un hombre de principios, echado para adelante. Su evidente popularidad se desprende de sus épicas interpelaciones a personajes como el ex secretario del Trabajo, Javier Lozano, o al entonces secretario de seguridad, Genaro García Luna, hoy en desgracia.

Sus provocadores discursos desde el congreso, le han permitido sumar a muchos seguidores, aunque eso no significa que llegue a la presidencia.

Sin embargo, es el mejor activo del Partido del Trabajo, que hoy lo pasea por todo el país, luciendo su flamante precandidatura. Su presencia le permitirá a dicho instituto político, negociar la alianza con MORENA; aunque hasta ahora, el diputado Fernández Noroña ha sido un prominente aliado de la 4T, está visto que sabe apretar.

La suerte ha sido echada. pero obviamente la circunstancias, la cuántica y hasta el azar, tendrán su parte de protagonismo en esta historia; cuyo desenlace muchos esperan con ansia.

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