Murió el D10S del fútbol, Diego Armando Maradona

Él polémico futbolista falleció este miércoles a los 60 años víctima de un paro respiratorio.

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Diego Armando Maradona falleció este miércoles a los 60 años, víctima de un paro respiratorio.

Una semana después de su último cumpleaños, el Pelusa fue operado de un edema cerebral y se encontraba recluído en Argentina.

En Maradona todo era hiperbólico. Los excesos, los descuidos y los conflictos, dentro y fuera de la cancha, fueron siempre un tango que, después de décadas, terminaron por impactar en su salud.

Su famosa adicción a la cocaína. Un corazón de gigante en un cuerpo tan pequeño, que trabajaba a marchas forzadas. Una obesidad que lo llevó a pesar 120 kilos. Luego, en el 2005 el by pass gástrico y la nueva resurrección del ídolo caído. Problemas recurrentes con el alcohol, divorcios y operaciones de rodillas.

La muerte de Maradona, es el final de una época. Con Maradona, termina la epopeya de los héroes, ídolos y genios.

En un mundo con atletas convertidos en productos, Maradona sobrepasó la condición de un simple futbolista.

El 10 argentino fue una constante reivindicación, el milagro posible, cuando todo estaba en contra.

Goles, proezas y actos de magia salían de sus piernas, como del sombrero de un mago, dejando atónitos a sus contrincantes, incrementando su leyenda.

Maradona fue un aguerrido en la cancha y en la vida, luchando por aquello en lo que creía, ya fuera en un escudetto, la Copa FIFA o en la revolución cubana o bolivariana.

Su retiro estuvo marcado por momentos oscuros, dependencia de drogas, problemas cardíacos, respiratorios, hipertensión, diabetes, anemia y debilidades hepáticas, por mencionar algunos.

Los estadios fueron catedrales para Maradona y para sus seguidores. Desde Boca Juniors, Barcelona, sus interminables carreras en Nápoles, evadiendo defensas y acercándose a la Camorra, el Sevilla, hasta la mano de Dios, pasando por los controles antidopajes fallidos, como el del mundial de Estados Unidos, donde le “cortaron las piernas”.

En los años noventa, su médico lo definió: “Maradona siempre un depresivo, un melancólico crónico”.

México 86 fue su primera resurrección, el del héroe que desarmó a Inglaterra y, por unos momentos simbólicos, le devolvió las Malvinas a Argentina.

Con los años, y muy poco a poco, su carrera se fue desvaneciendo, hasta convertirse en entrenador.

Boca Juniors, la selección Argentina, el Dínamo Brest y los Dorados de Culiacán fueron algunos de los que pudieron constatar la experiencia de un hombre que vivía el fútbol como una guerra particular, una batalla personal en la que la cancha era lo único que tenía sentido.

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Los años después de su retiro, Maradona se acercó cada vez más a una portería sin goles ni fanfarrias, fue internado varias veces.

En el año 2000, la cocaína casi acaba con él en Uruguay, y un año después en Cuba.

Hoy, Maradona hizo su última gambeta, dejando atrás cual defensas, años de litigios familiares, judiciales, fiscales, demandas de acoso, clínicas, ambulancias, depresiones, trofeos en las vitrinas, cánticos, hat tricks, banderas, títulos de goleo, comparaciones, para reencontrarse con el otro D10S.