Mientras el discurso oficial presume una baja en homicidios, las cifras de personas desaparecidas revelan una crisis silenciosa que golpea con fuerza a Baja California Sur.
La Paz, Baja California Sur.- Por años, Baja California Sur fue percibido como un estado ajeno a los grandes focos de violencia del país. Su imagen turística, su baja densidad poblacional y su aparente calma social han alimentado la narrativa de un territorio “seguro”. Sin embargo, los datos más recientes desmontan ese espejismo.
De acuerdo con el informe “Violencia en México 2015-2025”, elaborado por la organización México Evalúa, Baja California Sur ocupa el tercer lugar nacional en tasa de desapariciones, con 24.1 casos por cada 100 mil habitantes, sólo por debajo de Sinaloa (29.9) y Sonora (26.3).
La cifra coloca a la entidad por encima de estados históricamente asociados con altos niveles de violencia, y evidencia que el fenómeno de las desapariciones se ha convertido en uno de los delitos más graves y persistentes en la región.

El informe documenta que, a nivel nacional, las desapariciones aumentaron 213% en la última década, al pasar de 4,114 personas no localizadas en 2015 a 12,872 casos reportados en 2025. Lejos de ser un fenómeno aislado, el incremento ha sido constante, incluso en periodos donde los homicidios muestran descensos estadísticos.
México Evalúa advierte que esta tendencia configura una “cifra escondida”: mientras los asesinatos bajan, el número de personas que desaparecen sin dejar rastro crece, muchas veces sin investigaciones eficaces ni resultados judiciales.

En este contexto, Baja California Sur no solo destaca por su posición en el ranking nacional, sino por la velocidad con la que el delito se ha arraigado en un estado que carece de infraestructura suficiente para enfrentarlo.
BCS, Sonora y Sinaloa bajo el mismo patrón.
El análisis identifica que Baja California Sur, Sonora y Sinaloa comparten características estructurales claras, entre ellas:
–Presencia sostenida del crimen organizado.
–Disputas territoriales entre grupos delictivos.
–Violencia criminal persistente.
En Baja California Sur, estas dinámicas se han intensificado en corredores estratégicos vinculados al turismo, al tráfico marítimo y a rutas de movilidad regional, sin que exista una respuesta proporcional del Estado, lo que deja en evidencia una débil capacidad institucional para investigar y localizar a personas desaparecidas.
Uno de los hallazgos más contundentes del informe es la limitada capacidad del Estado para investigar desapariciones, particularmente en entidades con fiscalías sobrecargadas, escasez de personal especializado y baja coordinación interinstitucional.
En Baja California Sur, los colectivos de búsqueda han denunciado reiteradamente rezagos en carpetas de investigación, falta de recursos para búsquedas en campo y una dependencia excesiva de la presión social para activar acciones oficiales.
La consecuencia es devastadora. Cientos de familias obligadas a buscar por su cuenta, mientras los expedientes se acumulan y el delito se normaliza. Más allá de los números, cada desaparición representa una vida suspendida y una familia atrapada en la incertidumbre.
La estadística no mide el impacto psicológico, económico y social que deja una persona que no vuelve, ni el desgaste de madres, padres y hermanos que recorren brechas, desiertos y fosas clandestinas ante la ausencia del Estado.
Baja California Sur, el estado que muchos aún consideran “tranquilo”, enfrenta hoy una realidad incómoda, ya que es uno de los territorios donde más personas desaparecen en proporción a su población.
El reporte de México Evalúa no solo desnuda una contradicción en la política de seguridad nacional, sino que obliga a replantear las prioridades en estados como Baja California Sur, donde la violencia no siempre se mide en balas, sino en ausencias.
Mientras las desapariciones sigan creciendo y la capacidad de respuesta institucional permanezca débil, el tercer lugar nacional no será una estadística más, sino una alerta roja que el gobierno estatal no puede seguir ignorando.
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