Tres desaparecidos y un mismo silencio en Los Cabos

Dos familias buscan a sus seres queridos desaparecidos en circunstancias que aún no tienen explicación en San José del Cabo.

San José del Cabo, Baja California Sur.- En uno de los destinos turísticos más visitados del país, tres desapariciones separadas por semanas han provocado el dolor de tres familias que hoy comparten la misma incertidumbre: no saber dónde están sus seres queridos.

Dos hermanos que dejaron de responder el teléfono de un momento a otro. Un joven que salió a correr como cada noche, y nunca volvió. Tres historias distintas. Un mismo vacío.

Han pasado más de dos meses desde que Job Armando Félix Rodríguez, de 32 años, y su hermano Jesús Florencio Félix Rodríguez, de 52, desaparecieron en San José del Cabo sin dejar rastro.

La última vez que alguien supo de ellos fue el 6 de enero. La desaparición ocurrió apenas 22 días después de que la familia Félix llegara a Los Cabos, donde habían decidido comenzar una nueva vida. 

Job Armando, originario de Estados Unidos, llevaba una rutina de trabajo intensa: por las mañanas laboraba en un call center para una empresa estadounidense y por las noches atendía un puesto de hot dogs estilo Sonora, negocio familiar que operaba junto a su esposa.

Su familia asegura que no tenía conflictos ni problemas con nadie. El día de su desaparición también dejó de comunicarse su hermano Jesús Florencio. Ambos coincidieron en día y hora.

Ficha de búsqueda de Job Armando Félix Rodríguez, desaparecido el 6 de enero del 2026 en San José del Cabo.

Desde entonces nadie los ha vuelto a ver. Tampoco ha sido localizado el Jeep gris oscuro con placas Anapromex en el que se trasladaban, un vehículo todoterreno que, hasta hoy, no ha aparecido ni en calles, carreteras o zonas alejadas del destino turístico. Mientras la búsqueda continúa sin resultados, la tragedia familiar se profundizó.

Ficha de búsqueda de Jesús Florencio Félix Rodríguez, desaparecido el 6 de enero del 2026 en San José del Cabo.

La segunda historia ocurrió apenas 3 semanas después, el 10 de febrero, también en San José del Cabo. A las 9 de la noche, Raúl Alberto Martínez Santiago, de 29 años, salió a correr como lo hacía todos los días. Vestía playera negra, short deportivo y tenis negros.

Pero nunca regresó.

El fraccionamiento Villas de Cortés se convirtió en el último lugar donde fue visto físicamente. 

Para su madre, Yesenia Santiago, la búsqueda es una lucha diaria. “Soy muy fuerte, pero por dentro estoy muerta”, confesó en medio de la desesperación por no poder saber dónde está su hijo. 

Raúl es descrito por su familia como un joven emprendedor, trabajador y disciplinado, sin problemas ni conflictos. La denuncia fue presentada de inmediato ante el Ministerio Público, la familia cumplió con cada trámite. Pero las respuestas no llegan.

Ficha de búsqueda de Raúl Alberto Martínez Santiago, desaparecido el 10 de febrero de 2026 en San José del Cabo.

Desesperados por la falta de avances, los familiares de Raúl han realizado varios plantones pacíficos en la Plaza Mijares, en el corazón de San José del Cabo, para visibilizar su ficha de búsqueda.

Días después acudieron al Ayuntamiento Municipal de Los Cabos para exigir atención directa a las autoridades. Su padre, Alberto Martínez, lanzó una crítica directa al sistema. “El tiempo para ellos es vital. Los movimientos judiciales y burocráticos son muy lentos. La información va de San José a La Paz y de La Paz de regreso. Son trámites que quitan tiempo, y el tiempo aquí es determinante”, afirmó, con conocimiento de que el avance del reloj lo tienen en contra

La familia sostiene que la centralización de procesos retrasa diligencias clave, mientras el rastro del joven se enfría. Aunque los casos no están oficialmente relacionados, las tres desapariciones ocurridas en el mismo municipio han generado inquietud entre familiares y ciudadanos.

Para las madres, esposas, hermanas y padres que esperan respuestas, está la inquietud de saber que nadie debería desaparecer sin dejar rastro en una ciudad llena de cámaras, turistas y movimiento constante.

Hoy, tres familias siguen mirando el teléfono esperando una llamada, un mensaje, una pista. Cualquier cosa. Porque mientras las carpetas de investigación siguen abiertas, la angustia también lo está.