Primero circuló una presunta sobredosis que su familia rechaza, mientras la PGJE sostiene que la necropsia apunta a un aparente ataque cardíaco.
Los Cabos, Baja California Sur.- Ángel García Bretón tenía 45 años cuando salió de su domicilio la noche del 20 de agosto. Dijo que saldría y tomó rumbo desconocido. No regresó.
Menos de 10 horas después, su familia recibió la noticia que nadie espera. Ángel había sido localizado sin vida en la colonia Tierra y Libertad, en Cabo San Lucas.
El hallazgo ocurrió durante la mañana del 21 de agosto y desde entonces una pregunta permanece sin respuesta para sus familiares: ¿qué ocurrió realmente durante las horas que transcurrieron entre su desaparición y su muerte?
El cuerpo fue encontrado en el asiento del copiloto de su automóvil Chevrolet Beat gris, y en una posición que sus seres queridos consideran desconcertante: estaba hincado y boca abajo.
Para la familia, aquella escena no correspondía con lo que posteriormente comenzó a difundirse sobre la muerte del conocido productor de eventos en Los Cabos.

Horas después del hallazgo, algunos medios de comunicación difundieron en redes sociales una presunta causa de muerte: una sobredosis.
La versión golpeó directamente a su familia y amigos cercanos.
De acuerdo con testimonios de su círculo íntimo, compañeros de trabajo y personas allegadas a él consultadas por Metrópoli MX, Ángel llevaba más de seis años sobrio y se encontraba registrado en un programa de rehabilitación de Alcohólicos Anónimos antes de morir.
Por ello, la publicación de una supuesta sobredosis no sólo provocó desconcierto, sino también indignación entre quienes conocían su proceso de recuperación.
La familia sostiene que esa versión no correspondía con la vida que Ángel llevaba desde hacía años.
Pero mientras sus allegados intentaban entender qué había ocurrido, una nueva versión apareció días después.
El 27 de agosto, seis días después del hallazgo, el procurador de Justicia de Baja California Sur, Antonio López Rodríguez, declaró ante medios de comunicación que las pruebas post mortem y la necropsia practicada al cuerpo de Ángel apuntaban a un aparente ataque cardíaco.

La declaración abrió otro frente de dudas.
Para sus familiares, Ángel gozaba de buena salud y no tenía conocimiento de algún padecimiento cardíaco, enfermedad crónica o condición hereditaria que hiciera prever un desenlace de esa naturaleza.
La versión oficial, sin embargo, colocó al fallecimiento bajo una hipótesis completamente distinta a la que previamente había circulado en redes sociales.
Una sobredosis difundida sin que la familia la reconociera como compatible con su historial. Después, un aparente infarto señalado por la autoridad.
Y entre ambas versiones permanece una familia que exige claridad.
A las dudas sobre la posición en la que fue encontrado el cuerpo y las versiones contradictorias sobre la causa de muerte se suma otro elemento señalado por personas cercanas a Ángel.
Sus amistades aseguran que el rostro presentaba lesiones que, según su apreciación, parecían corresponder a golpes.
Este señalamiento no ha sido confirmado públicamente por la Procuraduría General de Justicia del Estado ni existe, hasta el momento, información oficial que permita establecer que dichas lesiones hayan sido provocadas deliberadamente o que estén relacionadas con la muerte.
Precisamente ahí se encuentra uno de los puntos que la familia considera necesario esclarecer mediante una investigación exhaustiva.
Si la necropsia determinó un aparente ataque cardíaco, ¿qué explicación tienen las lesiones que sus allegados aseguran haber observado?
Si se descartó una sobredosis, ¿en qué momento y con base en qué estudios surgió esa primera versión que circuló públicamente?
Y, sobre todo, ¿qué ocurrió durante las horas en las que Ángel estuvo desaparecido?
La PGJE no ha vuelto a pronunciarse públicamente sobre el caso después de las declaraciones del 27 de agosto.
Mientras tanto, las dudas permanecen.
La familia de Ángel no cuestiona únicamente una causa de muerte. Cuestiona un conjunto de circunstancias que, desde su perspectiva, no terminan de encajar: una desaparición repentina, un cuerpo localizado menos de 10 horas después, una posición considerada inusual dentro de un vehículo, una versión de sobredosis que circuló públicamente y que sus allegados rechazan, una posterior explicación oficial de un presunto ataque cardíaco y señalamientos sobre posibles lesiones en el rostro.
Hasta ahora, ninguna de esas interrogantes ha sido explicada públicamente con suficiente detalle por la autoridad investigadora.
La muerte de Ángel García Bretón permanece así envuelta en una serie de versiones que se contraponen.
Para sus familiares, no basta con saber que murió.
Quieren saber cómo murió, qué ocurrió antes de su muerte y, sobre todo, si alguien más tuvo participación en los hechos.
La respuesta está en manos de las autoridades y en los resultados de la necropsia y demás estudios periciales realizados al cuerpo.
Hasta que esos elementos sean esclarecidos y explicados públicamente, la muerte de Ángel seguirá siendo, para su familia, una historia llena de preguntas y pocas certezas.
![]()


