Reacomodo criminal en la frontera: el norte de BCS en peligro

La violencia que sacude Baja California amenaza con expandirse al sur: células delictivas buscan asentarse en comunidades estratégicas.

La Paz, Baja California Sur.- Baja California Sur ya no puede presumirse aislada del fuego cruzado del crimen organizado. El gobernador del estado, Víctor Castro Cosío, confirmó que el estado se encuentra en alerta ante la posible incursión de células criminales provenientes de Ensenada y San Quintín, en un escenario que ha prendido la alerta máxima en la zona norte de la entidad.

El mandatario declaró que aunque Baja California Sur ha sido “una burbuja” en distintos momentos frente a la violencia nacional, la amenaza del crimen organizadoya la tenemos desde hace varios años”. Y ahora, los indicios apuntan a un nuevo intento de penetración territorial.

Recientemente, las fuerzas militares incautaron casi dos toneladas de drogas como fentanilo, cocaína, metanfetamina y cannabis en el desierto de Vizcaíno. Un claro indicio de actividades realizadas por la delincuencia organizada en el norte de Baja California Sur.

Las señales son preocupantes. En poblados como Guerrero Negro, Santa Rosalía y comunidades costeras como Bahía Tortugas se encuentran en una posición estratégica: conectan por carretera con Baja California y, por mar, con rutas del Pacifico que históricamente han sido utilizadas para el trasiego de drogas. 

Peor aún, las autoridades de seguridad pública y fuerzas armadas locales han detectado movimientos de grupos delictivos que presuntamente cruzan desde Baja California para disputar territorio. 

Estamos en alerta”, afirmó el gobernador, al tiempo que confirmó que la mesa de seguridad permanece activa para “sellar Baja California Sur hasta donde podamos”, reconociendo la vulnerabilidad marítima del estado.

El gobernador de Baja California Sur, Víctor Castro Cosío, reconoció en entrevista que “El estado se mantiene en alerta y que se está reforzando la seguridad en la zona norte”.

La historia no comienza hoy. El norte de Baja California Sur ha sido, por años, una franja vulnerable donde el mar y el desierto se convierten en aliados estratégicos del crimen organizado. Desde la frontera natural con Baja California, células delictivas han intentado asentarse, replegarse o usar la región como corredor logístico.

La franja marítima que comprende Isla Natividad, Bahía Tortugas e Isla de Cedros, hasta las inmediaciones de San Quintín y Ensenada han sido señalada en distintos momentos como un corredor de embarcaciones menoreslanchas rápidas o “go fast”que trasladan cargamentos desde altamar hacia puntos de resguardo en tierra firme.

Células delictivas de Baja California estarían buscando expandir sus redes criminales y negocios ilícitos en la zona norte de BCS.

En la última década, el norte de BCS ha enfrentado episodios de violencia vinculados a disputas entre grupos criminales que operan en Baja California. Cada vez que se recrudece la pugna en el vecino estado, la presión se traslada hacia el sur.

El patrón suele repetirse:

1-Incursiones temporales para ejecutar ataques específicos.

2-Refugio en comunidades pesqueras tras operativos en Baja California.

3-Uso de brechas y caminos rurales para evitar retenes.

4-Traslado de víctimas o cuerpos cruzando límites estatales, enviando mensajes de poder.

En momentos de alta tensión en la zona de San Quintín y Ensenada, se han detectado células intentando establecer puntos de almacenamiento o campamentos improvisados en áreas desérticas cercanas a Vizcaíno y Punta Abreojos. La lógica es clara: operar en una zona menos saturada por fuerzas federales y mantener abiertas rutas marítimas.

El límite entre ambos estados no solo es terrestre. El mar funciona como una autopista clandestina. Cruces nocturnos por mar, es decir, embarcaciones ligeras que descargan en playas aisladas.

Movilidad en convoys pequeños, vehículos sin placas o con reporte irregular que se internan por brechas. Redes locales de apoyo: reclutamiento de operadores logísticos, halcones o facilitadores.

Repliegue inmediato: tras un ataque o decomiso, regresan a Baja California para evitar persecuciones prolongadas. La dinámica es de “golpe y retirada”, lo que complica la judicialización de casos y genera una sensación de impunidad.

El riesgo para Baja California Sur.

Si estas células logran consolidar presencia en el norte de BCS, el impacto podría sentirse en varios niveles: 

1-Escalada de violencia focalizada: ejecuciones, desapariciones y enfrentamientos en zonas que históricamente han sido tranquilas.

2-Afectación al sector pesquero: comunidades bajo presión criminal para facilitar rutas marítimas

3-.Riesgo a la imagen turística del estado: cualquier percepción de inestabilidad impacta la economía. 

4-Reconfiguración del mapa criminal: disputas internas por control de territorio, replicando escenarios vistos en otros estados.

La experiencia nacional demuestra que cuando una célula logra establecer base logística, el siguiente paso es el control territorial: cobro de piso, control de rutas y cooptación de autoridades locales.

El norte de Baja California Sur no tiene un muro ni una aduana que lo separe de Baja California. Tiene desierto, mar y kilómetros de silencio. Esa geografía, que por años fue sinónimo de aislamiento y tranquilidad, hoy se convierte en su mayor desafío.

La historia reciente muestra que cada vez que la violencia se recrudece en el vecino estado, la onda expansiva amenaza con cruzar esa frontera invisible. La pregunta no es solo si intentarán entrar. La pregunta es si el estado podrá impedir que se queden.